Sunday, August 23, 2009

POEMAS A UNA MUJER: SON POETAS



































Poemas a una Mujer: SON POETAS

Se juntan en una esquina, se amontonan, se besan, se muerden, se sirven un café, se acusan, se coaccionan.
Sufren hasta que la lluvia toca sus gargantas, sienten la vergüenza del amor vegetal y el dolor del nudismo de todas las alegrías.

Se rompen los dedos una y otra vez con igual piedra, aman y odian, bostezan y tiritan, emigran y retornan.
Riegan sobre endecasílabos la greda temporal de la palabra, miden, suman, restan, mueren, matan.
Son los herederos de la cripta, los guerrilleros de la luz y del subsuelo.


Alucinan como mariposas al amparo de la luna, lamen la inercia del cosmos disfrazados de gerentes y de obreros, tocan la epidermis de los hongos con la mueca sublevada entre los cejos.


Son hombres como yo, mujeres como tu, hombres y quizá mujeres, mujeres y quizá hombres, arrugando las tensiones, cantando y puteando contra el mundo.
Nostálgicos gemidos de cielo y de pantanos, en un universo de transistores y pantallas planas.


Burbujean como lavas de volcanes, violan la solemnidad de los sonetos y las cuartetas, avanzan, investigan, rezan y blasfeman, enfatizan la caldera donde se cocina el verso, para bombardear el templo de la bestia y agotar la risa en misterios de metáforas y espontáneas cavilaciones.-


Son ellos, sembradíos de consciencias entre ángeles ausentes y dioses presentidos, estallan en la plenitud de la creación y germinan civilizaciones entre las hojarascas del camino.


Son vestigios del pasado, son la pista del presente, son las guías del futuro, olvidados o inmortales, son la tierra, el canto, el dolor, la alegría, la tristeza.


Son hombres y mujeres, o ambas cosas
Llevan el signo encarnado en el germen, se confunden con su sombra y se asustan ante los espejos, se reproducen y disipan, recorriendo las huellas del árbol y el gemido. Se destruyen y modelan, abren y cierran la tumbas y las puertas, se elevan como globos simbióticos cegando las fronteras de las jaulas y los gritos, con los ojos brillantes en la noche, con el pecho abierto a la batalla, con las manos desgarradas en la nada, con el hueco poseído en las venas rimbombantes de su don y su flaqueza.

Walter Faila

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